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Febrero del 2008


catapulta literaria, desde panama

desde Panamà
la poesia del mundo
coordina y edita Alexander Zanches

Por lobogabriel - 29 de Febrero, 2008, 17:27, Categoría: web
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Quinto aniversario de Clásicos de Chinchilla (El Salvador, CA).

QUINTO ANIVERSARIO

Por Marisol Briones

            Saludamos  con verdadero júbilo el quinto aniversario del programa radiofónico  Clásicos de Chinchilla, transmitido los días jueves a las 9 PM a través de YSUCA.              En el espectro radiofónico  nacional donde los formatos comerciales  preponderan  una cultura de consumo y alienación  con respecto a nuestras  costumbres y tradiciones, Clásicos de Chinchilla,  es la voz  que jueves a jueves nos cuenta  cuentos y pasajes de la literatura y tradición oral hispanoamericana.    Producido y conducido por el escritor Miguel Ángel Chinchilla, tiene como  principal merito llevar a la población  obras literarias salvadoreñas y también universales  con un estilo muy propio, una estructura sencilla, un tratamiento formal simple,  pero un manejo del guión cuya creación e interpretación mezcla ricamente humor, tradición, valores universales  y efectos especiales que lo impregnan de una gran frescura y atractivo.

            Saludamos  con verdadero júbilo el quinto aniversario del programa radiofónico  Clásicos de Chinchilla, transmitido los días jueves a las 9 PM a través de YSUCA.              En el espectro radiofónico  nacional donde los formatos comerciales  preponderan  una cultura de consumo y alienación  con respecto a nuestras  costumbres y tradiciones, Clásicos de Chinchilla,  es la voz  que jueves a jueves nos cuenta  cuentos y pasajes de la literatura y tradición oral hispanoamericana.    Producido y conducido por el escritor Miguel Ángel Chinchilla, tiene como  principal merito llevar a la población  obras literarias salvadoreñas y también universales  con un estilo muy propio, una estructura sencilla, un tratamiento formal simple,  pero un manejo del guión cuya creación e interpretación mezcla ricamente humor, tradición, valores universales  y efectos especiales que lo impregnan de una gran frescura y atractivo.

            He sido testiga en múltiples ocasiones  como la gente cita con orgullo  que conoció tal obra o tal escritor  escuchando YSUCA, y mejor aún como los jóvenes se acercan a Miguel Ángel  para hacerle comentarios del programa y conocer a ese hombre que difunde en la comunidad el saber literario, haciéndolo alcanzable al pueblo llano que no cuenta con los recursos económicos necesarios para hacerse con la cantidad de obras que quisiera, o carece de un nivel académico apropiado.  Además,  el programa eleva los hábitos de lectura  en todos aquellos que quieren profundizar  en el conocimiento de los temas divulgados, ya que en estos cinco años Chinchilla ha presentado a 50 escritores (30 salvadoreños_20 extranjeros) y 73 obras diferentes entre las que podemos citar :El códice Maya de Francisco Gavidia, La Ciguanaba y El Jetón de Arturo Ambrogi, la adaptación a radionovelas como el Cristo Negro  de Salarrué y Un día en la vida de Manlio Argueta, La Balada de Anastasio Aquino  de Matilde Elena López, El Asco de Horacio Castellanos  Moya, así como la participación de los radioescuchas que recientemente compitieran  en el Certamen de Cuentos de Navidad y que ganara el Dr.Adán Figueroa. n el ámbito internacional ha adaptado a Da Vinci, Horacio Quiroga, Augusto Monterroso, hasta Cervantes con su Don Quijote de la Mancha  y últimamente del área centroamericana, a Galel  Cárdenas, Henry Petrie, Nicasio Urbina y José María López Valdizón  con el cuento El regreso de la Tatuana, obra con la que cierra su mes de aniversario. Además, Miguel Ángel Chinchilla se ha vuelto un clásico para la cultura centroamericana pues como miembro de la Asociación Centroamericana de Escritoras y Escritores ADECA, es coordinador del proyecto de paquines Clásicos del Cuento Centroamericano, que también serán adaptados a lenguaje radiofónico para que todos y todas conozcamos más  y disfrutemos de nuestras tradiciones comunes y el quehacer literario del área. Enhorabuena entonces  para CLASICOS DE CHINCHILLA  y los  programas culturales que tanta falta nos hace y tanto nos enriquecen.

Secretaría Ejecutiva-Consejo de Coordinación-Red Nicaragüense de Escritoras y Escritores



Por lobogabriel - 29 de Febrero, 2008, 17:20, Categoría: radio en la isla
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Maiara Gouveia, Brasil

EMBEBIDA

E o nítido arranjo
dos lábios, um a um,
e o despudor de vê-los
inocentes,
desnudos num
ir e vir medonho,
embebedada duma
realidade úmida
e carnuda, a coxa nua
roça pele contra pele, o quase
encontro e desencontro
de mim dentro daquela fresta
que ora sobra, ora se insinua
num abre e fecha; as pernas
embaraçadas sob a mesa,
a sombra trêmula
dos pés no chão, o torso
dele na camisa
entreaberta, a cabeleira
em caracol evoca
a noite estrelada
em Holanda brilhante
e turbulenta,
e o deleite ainda evola
feito de um gole de absinto.

envio: poesia.net
www.algumapoesia.com.br
Carlos Machado, 2008

Por lobogabriel - 29 de Febrero, 2008, 17:18, Categoría: poesia
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romulo pardo, mexico

Espacio

Desolación por todas partes que conjuga muchos días,

muchas noches,

rompiendo sonidos que vienen del mar o del cielo

o de esa llanura llamada silencio.

Desolación inaprensible de segundos milimétricos

que como constelación de colillas de cigarro

saturan de humo el nítido ojo que mira

o la boca que respira hacia la nada como la nada.

Desolación de los muebles alquitranados por el tacto,

también alquitranado, de manos fumadoras y valientes;

manos, pieles, miradas, sueños, alquitranados.

Desolación burocrática del todo en la nada,

igual que del cielo sobre la tierra y viceversa,

igual que del agua bajo el océano y viceversa,

y viceversa, viceversa, viceversa…

Desolación, desolación, desolación.

Entre los cuerpos desolación.

Entre planetas desolación.

Entre alientos desolación.

Desolación que configura la escena de todo anhelo

por alcanzar lo otro que es lo nuestro o lo nuestro que es

lo otro que se ha perdido en el espacio.

Por lobogabriel - 29 de Febrero, 2008, 17:10, Categoría: poesia
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rasgado de boca 10

Rasgadodeboca número 10 ya está  en Internet... Abriendo el mes de MARZO… como la Liebre de Marzo y su amigo el Sombrerero Loco, tomando té con Alicia en el pais de las maravillas, mientras leen este anticatalogo de ideas en torno al arte NO convencional. http://www.rasgadodeboca.blogspot.com/

CONTENIDO

1-     Editorial -2-     PINTURAS DE SYD BARRETT 3-  UN ARTISTA INTERNACIONAL - oZcar- 4- EL KAMASUTRA DE JIS Y TRINO - Rogelio Villarreal- 5- PREDICCIONES METEOROLÓGICAS- Carolina Yribarren -6-EL NUDO DE LA CORBATA-7-NAKED DELANTAL-8-COMUNION CON SUPOSITORIOS  - EDU-9-EL PENE MÁS GRANDE DE LA HISTORIA- 10- ANALGESIA EMOCIONAL INFANTIL - Amanda y Casimiro-11- ÉXTASIS - Santiago Zerpa-12-VARIAS FOTOS - Eduardo Acosta Bentos-13-LA MUJER BARBUDA - Víctor Montoya -14-GALERÍA BIZZARRA - Luis Romero-15-DEL COSTADO MASCULINO A LA RENOVADA MUJER – Ovejita-16-PUEDE SER CIERTO.... AVERIGUALO!!!  - Luis "Gato" Romero-17-FLOTAR EN UN BAÑO PÚBLICO – punkserastu-18-   RASPUTWINS- Los Morochos Twins-19- GUARDO CELOSAMENTE – Miguel-20-RAYMA-21-LA PIÑATA - Roberto Echeto-22- A VUELAPLUMA – SABIDURÍA - Claudia Cazorla.-23- BUSCAME… - El Comunero-24-ALGUNAS HISTORIAS NO DEBERÍAN SER CONTADAS – Tania-25-   UN BEBE CON BARBAS-26-   ENTREVISTA A BICHO MALDÍTO-27-   LA EXPRESION DEL MISTERIO DE LO INVISIBLE - Alfredo Tucci-28-   ¡UN POKEMÓN! – Kotto-29-   LOS 500 DIENTES DE SANTA APOLONIA - Antonio Martínez Ron -30-   FOTOS - Lucía Pizzani -31-   EL GAVILAN TRABALENGUAS - Rafael Pío Alvarado-32-   ENVIEN SUS GRITOS-

Por lobogabriel - 29 de Febrero, 2008, 17:06, Categoría: web
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culturacr

Le presentamos la décimo cuarta edición de nuestra/su revista cultural.  http://www.culturacr.com/indexrevista.htm

Darío, con él llegó el futuro

"Tenía una amplia universalidad, una profunda liberalidad de criterio. Era benévolo por grandeza de alma, como lo fue antaño Cervantes", escribió Unamuno en 1916. Rubén Darío había muerto hace muy poco y el escritor vasco lamentaba entonces no haber sido con él ni justo ni bueno".

La tragedia del escritor costarricense

¿Se le hace conocido este texto? Escrito en 1942 por Rubén Hernández este texto no pierde vigencia. Rescatamos este ensayo que bien podría aplicarse a la actualidad, usted compruébelo. "La tragedia del escritor costarricense es bien clara; nadie cree en él y nadie lo lee. Porque en quien escribe".

Un poeta tico más allá de las fronteras

Le presentamos poesía escogida, especial para Culturacr.com, del costarricense radicado en Massachusetts, Gustavo Adolfo Chaves. versos de calidad, originales y llenos de emocionalidad. ¡Descúbralos!

                                      Sobra Habacuc, ética y estética

Gustavo Solórzano se atreve a romper moldes y escribir sobre la reciente polémica Habucac Vargas y asuntos conexos. "La imagen fue polémica, causó revuelo, el fotógrafo fue atacado y alabado por igual. Sergio Ramírez, tiempo después"

                                    ¿Alternativas después del TLC?

Un ensayo integral nos ofrece Luis Paulino Vargas sobre la apertura hacia nuevas posibilidades o alternativas de un desarrollo propio, en beneficio de la mayoría. "¿Será posible lograr que, más allá del TLC, se logre construir una alternativa política viable, desde la cual liderar un proyecto de país verdaderamente democrático e inclusivo?"

Femicidio en Guatemala, El Salvador y Honduras ¡el horror repetido!

Escrito por Mercedes Hernández, de la Comisión de Derechos Humanos Hispano-Guatemalteca, este ensayo nos alarma. Se lo compartimos. "Más de 306 han sido asesinadas en Guatemala durante el primer semestre de 2007. Más de 3.500 lo han sido en los últimos cinco años y más de 1.200 tan sólo durante 2006 en el triángulo norte de Centroamérica, formado por Guatemala, El Salvador y Honduras"

Desde las raíces al presente

Le presentamos dos extraordinarias lecturas sobre la situación indígena en América. Una sobre la enseñanza huetar sobre la biodiversidad nuestra y otro sobre la construcción occidental de los mitos sobre el indígena.

La lección del abuelo huetar Adán Murillo.

Construcción occidental de los mitos sobre el indígena.

Márgenes de la periferia en Uriel Quesada

Entrevista realizada por Antonio Márquet, periodista cultural mexicano al costarricense Uriel Quesada, a partir de su obra y de su visión de la literatura costarricense y centroamericana.

¿Sufrimiento y soledad para escribir?

Juan Manuel Costoya escribe un ensayo literario de gran interés para el escritor. "El sufrimiento y la soledad pueden impulsar obras creativas. Se puede hablar, así, de la enfermedad como argumento, la patología creadora, la específicamente literaria..."

Información de nuevos grupos de los talleres literarios en info@culturacr.com

Por lobogabriel - 29 de Febrero, 2008, 17:03, Categoría: web
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Apuntes para un retrato- ( John Berger 17/02/2008 )

John Berger 17/02/2008

 

  

John Berger (Londres, 1926), novelista, ensayista, crítico de arte, poeta, guionista de cine y de televisión, visita al líder de los zapatistas, el subcomandante Marcos, en la sierra Lacandona, y describe, tanto en texto como en dibujo, la realidad mexicana

Estoy sentado en una cabaña a las afueras de San Cristóbal de las Casas, en el sureste de México, a punto de comenzar un retrato del subcomandante Marcos.

 

El subcomandante tiene unas manos grandes, de dedos largos. Son unas manos trabajadas, encallecidas

Un millón de campesinos e indígenas abandonan cada año el medio rural forzados por la pobreza o la falta de tierra

Los gringos no han dejado de expoliar sus recursos naturales, y los indígenas se han visto cada vez más desposeidos

Marcos lleva un reloj en cada muñeca. Uno para el tiempo de paz. Y el otro para el tiempo de guerra

Hace apenas veinte años, en esta ciudad de calles estrechas, casas coloridas y aceras desniveladas, cuando un indígena se cruzaba en su camino con un blanco, se bajaba del bordillo para dejarlo pasar. Tras el alzamiento zapatista de 1994, las cosas han cambiado. Lo que suceda hoy en estas mismas aceras ya no tiene que ver con la discriminación, sino que es una cuestión de elección.

Cuando entré en la cabaña, que es su alojamiento estos días, me preguntó dónde quería que se sentara. Le señalé una silla al lado de las de los dos comandantes zapatistas también presentes en la cabaña: una mujer -con su hija, una niña de seis años- y un hombre de edad. "Así", dije para mis adentros, "se pondrá a charlar con ellos y me dejará en paz". Me miró, irónico, como si hubiera leído mis pensamientos. ¿En paz? Sí, la paz es sólo un momento.

El día anterior había anunciado ante varios cientos de personas que no volvería a aparecer en público, al menos durante algún tiempo. La amenaza bajo la que han vivido las comunidades zapatistas a lo largo de estos últimos 13 años se ha agudizado tanto en la actualidad, que él debe volver a ser el soldado clandestino que fue, a fin de ayudar a organizar su defensa en las montañas. La defensa de quienes renunciaron formalmente a la lucha armada en 1996 -nos recordó Marcos a los allí reunidos-, pero no dudarán en resistir hasta la muerte si son atacados. Tras las fraudulentas elecciones del año pasado, parece que entra en los cálculos del presidente Calderón y de su Gobierno proceder en breve a la eliminación de las comunidades zapatistas, pues creen que la medida no produciría hoy una protesta generalizada. También creen que así borrarán para siempre el ejemplo que ofrecen los zapatistas de desobediencia a la tiranía global de este fascismo económico conocido como neoliberalismo.

Marcos y los comandantes se ponen a charlar y yo empiezo a dibujar. Los tres -y asimismo la pequeña- llevan pasamontañas. "Cubrimos nuestro rostro para hacernos visibles", dicen los zapatistas. Una extraña paradoja sobre la que reflexionar mientras se dibuja un retrato.

Hace unos días estuve conversando con cinco de los concejales de la comunidad zapatista de Oventic. Aquellas mujeres y aquellos hombres hablaban con toda la calma del mundo, porque lo que contaban eran sus verdades, algo que es muy diferente de la verdad. La calma que muestran quienes creen en una sola verdad es una indiferencia despiadada. La suya era una calma considerada. Y los pasamontañas no los hacían menos humanos, menos únicos, sino más. Leía sus caras a través de los ojos, y los mensajes de los ojos son los menos controlables de todas las expresiones faciales y, por eso, los más sinceros.

Y hablando de sinceridad, se me viene a la cabeza la foto de una mujer que lleva la cara descubierta. Se llama María Concepción Moreno Arteaga. Tiene 47 años y vive en un pueblecito 200 kilómetros al norte de Ciudad de México. Es madre de seis chicos, a los que ha criado sola. Se ganaba la vida de lavandera. Hace tres años, las fuerzas de seguridad del Gobierno mexicano la detuvieron y la metieron en la cárcel, acusada de pertenecer a una red de tráfico ilegal de inmigrantes. Un cargo completamente falso. [Las fuerzas de seguridad mexicanas deportan todos los años a decenas de miles de los hondureños, guatemaltecos y salvadoreños que intentan atravesar el país para llegar a la frontera de Estados Unidos, donde, si consiguen cruzar una frontera más, esperan encontrar trabajo]. Un día, María Concepción se tropezó con seis de estos inmigrantes. Habían logrado atravesar más de la mitad del país; iban en harapos y le suplicaron que les diera agua. Se la dio, y también algo de comer, porque, viendo el estado en el que se encontraban, "era imposible negarse".

Estuvo presa más de dos años. En la cárcel trabajó en la fabricación de las etiquetas para algunas de esas marcas de ropa que circulan en el mercado libre. Con los pesos que le daban por este trabajo forzado se compraba jabón y papel higiénico.

Lo que dicen sus ojos en la foto es: "Era imposible negarse".

Marcos tiene unas manos grandes, de dedos largos. Son unas manos trabajadas, encallecidas; su textura recuerda a las de los campesinos. En sus apariciones públicas adopta el ademán y la expresión de un mensajero: lee el nuevo mensaje despacio, muy atento a lo que está haciendo, en voz alta y clara; o simplemente lo encarna con su sola presencia. Por el contrario, aquí, en la cabaña, parece estar a sus anchas, inconsciente del paso del tiempo. Los brazos y las piernas se le ven completamente relajados, como los del piloto que acaba de aterrizar una vez más en una pista peligrosa. De pronto se me ocurre que guarda cierta afinidad física con Saint-Exupéry: un tipo parecido de retraimiento o de reserva, provocado, tal vez, por su altura, por su tamaño corporal.

Como no tardaron en descubrir los conquistadores, México cuenta con una de las minas de plata más grandes del mundo. Es también un país de espejos: palaciegos, algunos, enmarcados y en tantas ocasiones hechos añicos; pero lo más frecuente es una multitud de fragmentos, de lentejuelas, de baratijas o de esquirlas de espejo y mica que reflejan la luz. "Cuando tocamos los corazones de otros, pues tocamos también sus dolores. O sea, que como que nos vimos en un espejo", afirmaban hace dos años los zapatistas en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

Con una población que supera los 20 millones de habitantes y sigue creciendo a un ritmo vertiginoso, Ciudad de México se encuentra posiblemente entre las tres metrópolis más grandes del mundo. Es una ciudad en la que conviven el consumismo desenfrenado, el crimen organizado y la pobreza. Hay barrios enteros gobernados por las mafias del narcotráfico y grandes avenidas residenciales vigiladas por guardas jurados provistos de chalecos antibalas. Una contaminación colosal. Un tráfico caótico. El río Piedad discurre hacia el este de la ciudad por un cauce que es un horrendo conducto carcomido por el óxido. El transporte público es mínimo, pero hay pasos elevados con varios niveles para los coches. Bajo ellos, los apresurados peatones parecen tijeretas. El coche es aquí tan indispensable como la vivienda para quienes tienen trabajo. Los intereses de la industria automovilística han alcanzado a la antigua ciudad azteca de Tenochtitlán, que ha terminado sitiada por las autopistas.

Un millón de campesinos e indígenas abandonan cada año el medio rural, forzados por la pobreza o la falta de tierra, y se trasladan a la capital o a otras ciudades mexicanas. Mientras tanto, las grandes empresas agrícolas transnacionales se apoderan de la tierra.

México es un país de emigrantes. Quince millones de mexicanos y mexicanas trabajan en Estados Unidos. Cada año envían a su país unos 25.000 millones de dólares, el producto de su trabajo. La mayoría de ellos son ilegales, y en Estados Unidos se les considera delincuentes y como tales son tratados.

Lo que sucede es una reproducción especular de lo que sucedía en el Gulag soviético. Allí se forzaba a los prisioneros a trabajar hasta que caían extenuados; aquí se persigue a los trabajadores inmigrantes como si fueran delincuentes, hasta que terminan por estar fuera de la ley.

Al mismo tiempo que sucede esto en Estados Unidos, en la Ciudad de México se intercambian millones de inquisitivas miradas por segundo, tras las cuales se esconden chanchullos, oportunidades, bromas, alternativas, rutinas, cuestiones de honor o, simplemente, preguntas sin respuesta.

"Sólo para el poderoso la historia es una línea ascendente donde la cúspide es siempre su hoy", dicen los zapatistas. "Para quien abajo es, el quehacer histórico es una interrogante que sólo se responde mirando hacia atrás y hacia delante, dibujando así nuevas preguntas".

Observo sus cejas, las arrugas en la parte inferior de la frente, las ojeras, la protuberancia de la nariz bajo el pasamontañas. Su voz física es distante y convincente al mismo tiempo. Otra cosa es su voz escrita. Al contrario de lo que se suele suponer, la voz del escritor de verdad casi nunca (o quizá nunca) es su propia voz: es una voz que surge de la intimidad y de la identificación del escritor con otros que conocen el camino a ciegas y que lo guían en silencio. No procede del temperamento del escritor, sino de la confianza.

Y mientras doy volumen a su cabeza, pienso en cómo podría definir, en cómo delinear, el lugar de donde proviene su voz, la voz del autor de los mensajes zapatistas. ¿Desde dónde habla al mundo esta voz?

La voz habla físicamente desde aquí, desde los escarpados altos de Chiapas, hoy controlados por sus pobladores indígenas, quienes han recuperado y vuelven a cultivar las tierras que les fueron arrebatadas y construyen escuelas, ambulatorios y centros cívicos. Pero ¿desde dónde habla esa voz figuradamente?

Acaba de hacer reír a la niña. Su pequeño pasamontañas se sacude como los papos de un cachorro.

Volvamos a la ciudad para intentar encontrar una respuesta a mi pregunta. Hasta cierto punto, no deja de sorprender que la vía principal se siga llamando avenida Insurgentes. En el centro de la ciudad todavía hay muchas calles con el nombre de capitales y países europeos, porque hace cien años México se consideraba un faro del progreso y de la revolución.

Son muchos los mexicanos que alguna vez en su vida acuden en peregrinación a la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. Pero casi son tantos los que visitan en grandes grupos familiares La epopeya del pueblo mexicano, los murales de Diego Rivera. Y no van a ver estas pinturas inmensas por razones artísticas, sino para recordarse su destino y reflexionar sobre su historia.

He cambiado de la tinta al carboncillo, porque éste es más indeciso, más deshilachado, más quebradizo. La pintura sabe desde el principio lo que quiere decir; el carboncillo escucha.

Ninguna reproducción puede dar una idea de la escala del fresco de Rivera que corona la escalera principal de lo que fue, hasta tiempos recientes, la sede del Gobierno. Se suele comparar con la Capilla Sixtina, y la comparación no es exagerada, siempre y cuando se limite a los frescos del Juicio Final.

Diego, El Elefante, como lo apodó Frida Kahlo, era una persona corriente y moliente, como cualquiera de nosotros. A veces era pendenciero; a veces, derrotista; a veces, perezoso, y a menudo, inconsecuente. Se transformaba, sin embargo, cuando sentía que estaba llamado a pintar y a representar en estos muros la historia de su pueblo. Entonces se hacía consecuente hasta el punto de ser capaz de dar a cada detalle, a cada rasgo, su lugar concreto en un destino histórico vastísimo. En lo alto de esa escalera, uno tiene la sensación de que mil años de historia dieron origen a un pintor colosal, y no a la inversa.

Los cientos de figuras de tamaño natural, que representan las civilizaciones precolombinas, el mercado de Tenochtitlán, los tres siglos de explotación colonial española, la Guerra de la Independencia, que terminó en 1821, y, sobre todo, el siglo que siguió a esa guerra y que llevó a la Revolución de 1910 y a la esperanza de un futuro diferente, están todas contenidas, las notorias y las anónimas, en una visión tal de la energía y la continuidad de un pueblo que, pese a las muchas crueldades, se resume en algo parecido a una invitación fraternal. Se diría que cuando baja las escaleras para irse, cada visitante mexicano se lleva de regalo una cala de los cestos de las vendedoras de flores pintadas en el mural.

Al mismo tiempo -y ésta es, quizá, otra de las razones por las que pienso en la convulsión del Juicio Final de Miguel Ángel-, la historia política del México moderno, tal como aparece expuesta en estos muros y conforme a todo lo que ha sucedido desde que los pintó Ribera, no es sino un gigantesco campo de promesas rotas.

Un tipo de esclavitud siguió a otro; nuevos sistemas de represión y de discriminación sustituyeron a los antiguos; se inventaron y se impusieron nuevas formas de pobreza; los gringos del norte no han dejado de sangrar el país, de expoliar sus recursos naturales, y los indígenas se han visto cada vez más desposeídos. Sólo el grito de Zapata ("¡Tierra y libertad!") sonaba todavía convincente. Zapata murió asesinado en 1919.

Y así he llegado a donde quería llegar. Había que salvar la quebrada que separa ese inmenso campo de promesas rotas, a un lado, de las demandas populares de justicia, al otro. Y lo que hicieron durante setenta años los principales partidos políticos, empezando por el PRI (Partido Revolucionario Institucional), fue rellenar ese vacío con los escombros de lo que en su día fue un lenguaje político. Promesas rotas, premisas rotas, proposiciones rotas, leyes rotas.

Todo principio -excepto el del interés propio- ha quedado vacío de significado. El discurso político, las campañas electorales, las declaraciones a la prensa han sido reducidos sistemáticamente a las evasivas, a las mentiras y a las mil maneras de desviar la atención utilizadas por aquellos que en la antigua Grecia se denominaban idioti (los que buscan su propio provecho), quienes no tenían nada que ver con los politici. Bajo el fascismo económico del neoliberalismo, esto se ha convertido hoy en un fenómeno mundial. La voz de los mensajes zapatistas, que ofrecen un ejemplo de resistencia local y global, habla desde esa quebrada.

"No a tratar de resolver desde arriba... Sí a construir desde abajo y por abajo. No creemos que los fines justifiquen los medios. En definitiva, creemos que los medios son el fin. Construimos nuestro objetivo al mismo tiempo que construimos los medios para seguir en la lucha. En este sentido damos mucho valor a la palabra dicha, a la honradez y a la sinceridad, aunque a veces nuestra ingenuidad nos lleve a cometer errores".

Marcos me observa dibujarlo y sonríe. Hay dos tipos de sonrisa (entre muchos otros): la de cuando estás esperando a oír cómo acaba el chiste, y la de cuando recuerdas un chiste que te contaron hace tiempo. La suya es la segunda.

Estuve en Acamilpa, un pueblecito del Estado de Morelos, de donde era originario Zapata. La milpa es un maizal en el que junto con el maíz crecen otras muchas plantas y conviven infinidad de pájaros, insectos y otros animales. Quiero describir la cara de una anciana que me resultó extrañamente conocida. Podría ser una anciana del pueblo de los Alpes donde vivo. ¿O es que con la edad acabamos todos en el mismo pueblo? Era un sábado por la tarde, y en el patio de un pequeño rancho se veían varias mesas cubiertas con manteles blancos: se celebraba un cumpleaños y los invitados estaban a punto de llegar. El acordeonista ya había empezado a tocar. Había una acacia inmensa, que posiblemente ya estaba allí cuando Emiliano Zapata era niño. En una de las mesas, trece ancianos de los pueblos circundantes mantenían una reunión importante; estaban coordinando sus actividades de desobediencia civil y obstrucción, a fin de impedir que los especuladores de suelo les roben el agua que les pertenece. Hablaban por turno, atentos a lo que decían, con convicción. Aceptaban la música como si fuera un plato que cocía a fuego lento y que comerían más tarde. Era una mujer de cara morena, curtida por las inclemencias, y sus ojos brillantes indicaban que estaban hechos a mirar a lo lejos, hacia el lugar de donde vienen los vientos. Entre la acacia y la casa habían colgado globos de colores para la fiesta de cumpleaños. Esto es lo que me dijo:

"Yo ya he vivido todo lo que me ha tocado vivir y ahora pienso en el futuro. Pienso en mis nietos y en los hijos de mis nietos, y en cómo vivirán ellos. Quienes gobiernan hoy quieren destruir a los campesinos, a las comunidades indígenas, para quedarse con todas las semillas de la tierra, con cada gota de agua que baja de nuestras montañas. Así que no dejamos pasar sus camiones cuando vienen a robar lo que es nuestro... Es mejor morir de pie que vivir de rodillas".

El cabello, largo y tan blanco como el mío, lo llevaba recogido atrás en un moño.

Marcos lleva un reloj en cada muñeca. Uno para el tiempo de paz. Y el otro para el tiempo de guerra. Cuando los zapatistas están metidos en una operación defensiva, en previsión de que puedan interceptar sus mensajes, trastocan el sistema horario.

De todos modos, hay ocasiones en las que desafían cualquiera de los dos tiempos, o al tiempo sin más.

En San Andrés, el municipio donde, en febrero de 1996, el Gobierno mexicano llegó a un acuerdo con los zapatistas por el que se comprometía a reconocer los derechos de todos los pueblos indígenas -un acuerdo del que se retractó al poco tiempo-, hay una iglesia consagrada a este apóstol. Su interior cobija una profusión de imágenes de la Virgen y de los santos, todos vestidos con ropas bordadas.

Un día de la semana pasada, hacia el final de la mañana, me paré allí porque, al igual que en el pueblo de Acamilpa, oí música. Ésta era una música más antigua, diferente. Dentro de la iglesia había dos mujeres indígenas, con sus pequeños colgados a la espalda, y, a cierta distancia de ellas, dos hombres. No había ningún sacerdote presente. Los cuatro formaban con sus voces un coro polifónico. Mil velas ardían en el suelo de la iglesia, algunas dentro de tarros de cristal, sus llamas vacilantes, porque entraba aire por una puerta lateral entreabierta. Una de las mujeres balanceaba un incensario mientras cantaba, y el humo del incienso envolvía las llamas, como flores entre la bruma. Parecían ajenos al año, a la estación, al día, a la hora. Hasta que uno de los pequeños se puso a llorar y la madre le dio el pecho. La otra mujer alisaba con las manos la túnica que había traído para la imagen de san Andrés: sabía que había que lavar la que tenía puesta y cambiarla por una limpia.

Detrás del pasamontañas, bajo la nariz protuberante, una boca y una laringe que hablan de esperanza desde la quebrada. He dibujado lo que he podido.

Mientras tanto, lo más seguro es que los zapatistas estén ahora mismo en peligro. Los ataques vendrán de quienes muestran su miopía pensando que su ejemplo se puede borrar.

  

John Berger (Londres, 1926), novelista, ensayista, crítico de arte, poeta, guionista de cine y de televisión, visita al líder de los zapatistas, el subcomandante Marcos, en la sierra Lacandona, y describe, tanto en texto como en dibujo, la realidad mexicana

Estoy sentado en una cabaña a las afueras de San Cristóbal de las Casas, en el sureste de México, a punto de comenzar un retrato del subcomandante Marcos.

 

El subcomandante tiene unas manos grandes, de dedos largos. Son unas manos trabajadas, encallecidas

Un millón de campesinos e indígenas abandonan cada año el medio rural forzados por la pobreza o la falta de tierra

Los gringos no han dejado de expoliar sus recursos naturales, y los indígenas se han visto cada vez más desposeidos

Marcos lleva un reloj en cada muñeca. Uno para el tiempo de paz. Y el otro para el tiempo de guerra

Hace apenas veinte años, en esta ciudad de calles estrechas, casas coloridas y aceras desniveladas, cuando un indígena se cruzaba en su camino con un blanco, se bajaba del bordillo para dejarlo pasar. Tras el alzamiento zapatista de 1994, las cosas han cambiado. Lo que suceda hoy en estas mismas aceras ya no tiene que ver con la discriminación, sino que es una cuestión de elección.

Cuando entré en la cabaña, que es su alojamiento estos días, me preguntó dónde quería que se sentara. Le señalé una silla al lado de las de los dos comandantes zapatistas también presentes en la cabaña: una mujer -con su hija, una niña de seis años- y un hombre de edad. "Así", dije para mis adentros, "se pondrá a charlar con ellos y me dejará en paz". Me miró, irónico, como si hubiera leído mis pensamientos. ¿En paz? Sí, la paz es sólo un momento.

El día anterior había anunciado ante varios cientos de personas que no volvería a aparecer en público, al menos durante algún tiempo. La amenaza bajo la que han vivido las comunidades zapatistas a lo largo de estos últimos 13 años se ha agudizado tanto en la actualidad, que él debe volver a ser el soldado clandestino que fue, a fin de ayudar a organizar su defensa en las montañas. La defensa de quienes renunciaron formalmente a la lucha armada en 1996 -nos recordó Marcos a los allí reunidos-, pero no dudarán en resistir hasta la muerte si son atacados. Tras las fraudulentas elecciones del año pasado, parece que entra en los cálculos del presidente Calderón y de su Gobierno proceder en breve a la eliminación de las comunidades zapatistas, pues creen que la medida no produciría hoy una protesta generalizada. También creen que así borrarán para siempre el ejemplo que ofrecen los zapatistas de desobediencia a la tiranía global de este fascismo económico conocido como neoliberalismo.

Marcos y los comandantes se ponen a charlar y yo empiezo a dibujar. Los tres -y asimismo la pequeña- llevan pasamontañas. "Cubrimos nuestro rostro para hacernos visibles", dicen los zapatistas. Una extraña paradoja sobre la que reflexionar mientras se dibuja un retrato.

Hace unos días estuve conversando con cinco de los concejales de la comunidad zapatista de Oventic. Aquellas mujeres y aquellos hombres hablaban con toda la calma del mundo, porque lo que contaban eran sus verdades, algo que es muy diferente de la verdad. La calma que muestran quienes creen en una sola verdad es una indiferencia despiadada. La suya era una calma considerada. Y los pasamontañas no los hacían menos humanos, menos únicos, sino más. Leía sus caras a través de los ojos, y los mensajes de los ojos son los menos controlables de todas las expresiones faciales y, por eso, los más sinceros.

Y hablando de sinceridad, se me viene a la cabeza la foto de una mujer que lleva la cara descubierta. Se llama María Concepción Moreno Arteaga. Tiene 47 años y vive en un pueblecito 200 kilómetros al norte de Ciudad de México. Es madre de seis chicos, a los que ha criado sola. Se ganaba la vida de lavandera. Hace tres años, las fuerzas de seguridad del Gobierno mexicano la detuvieron y la metieron en la cárcel, acusada de pertenecer a una red de tráfico ilegal de inmigrantes. Un cargo completamente falso. [Las fuerzas de seguridad mexicanas deportan todos los años a decenas de miles de los hondureños, guatemaltecos y salvadoreños que intentan atravesar el país para llegar a la frontera de Estados Unidos, donde, si consiguen cruzar una frontera más, esperan encontrar trabajo]. Un día, María Concepción se tropezó con seis de estos inmigrantes. Habían logrado atravesar más de la mitad del país; iban en harapos y le suplicaron que les diera agua. Se la dio, y también algo de comer, porque, viendo el estado en el que se encontraban, "era imposible negarse".

Estuvo presa más de dos años. En la cárcel trabajó en la fabricación de las etiquetas para algunas de esas marcas de ropa que circulan en el mercado libre. Con los pesos que le daban por este trabajo forzado se compraba jabón y papel higiénico.

Lo que dicen sus ojos en la foto es: "Era imposible negarse".

Marcos tiene unas manos grandes, de dedos largos. Son unas manos trabajadas, encallecidas; su textura recuerda a las de los campesinos. En sus apariciones públicas adopta el ademán y la expresión de un mensajero: lee el nuevo mensaje despacio, muy atento a lo que está haciendo, en voz alta y clara; o simplemente lo encarna con su sola presencia. Por el contrario, aquí, en la cabaña, parece estar a sus anchas, inconsciente del paso del tiempo. Los brazos y las piernas se le ven completamente relajados, como los del piloto que acaba de aterrizar una vez más en una pista peligrosa. De pronto se me ocurre que guarda cierta afinidad física con Saint-Exupéry: un tipo parecido de retraimiento o de reserva, provocado, tal vez, por su altura, por su tamaño corporal.

Como no tardaron en descubrir los conquistadores, México cuenta con una de las minas de plata más grandes del mundo. Es también un país de espejos: palaciegos, algunos, enmarcados y en tantas ocasiones hechos añicos; pero lo más frecuente es una multitud de fragmentos, de lentejuelas, de baratijas o de esquirlas de espejo y mica que reflejan la luz. "Cuando tocamos los corazones de otros, pues tocamos también sus dolores. O sea, que como que nos vimos en un espejo", afirmaban hace dos años los zapatistas en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

Con una población que supera los 20 millones de habitantes y sigue creciendo a un ritmo vertiginoso, Ciudad de México se encuentra posiblemente entre las tres metrópolis más grandes del mundo. Es una ciudad en la que conviven el consumismo desenfrenado, el crimen organizado y la pobreza. Hay barrios enteros gobernados por las mafias del narcotráfico y grandes avenidas residenciales vigiladas por guardas jurados provistos de chalecos antibalas. Una contaminación colosal. Un tráfico caótico. El río Piedad discurre hacia el este de la ciudad por un cauce que es un horrendo conducto carcomido por el óxido. El transporte público es mínimo, pero hay pasos elevados con varios niveles para los coches. Bajo ellos, los apresurados peatones parecen tijeretas. El coche es aquí tan indispensable como la vivienda para quienes tienen trabajo. Los intereses de la industria automovilística han alcanzado a la antigua ciudad azteca de Tenochtitlán, que ha terminado sitiada por las autopistas.

Un millón de campesinos e indígenas abandonan cada año el medio rural, forzados por la pobreza o la falta de tierra, y se trasladan a la capital o a otras ciudades mexicanas. Mientras tanto, las grandes empresas agrícolas transnacionales se apoderan de la tierra.

México es un país de emigrantes. Quince millones de mexicanos y mexicanas trabajan en Estados Unidos. Cada año envían a su país unos 25.000 millones de dólares, el producto de su trabajo. La mayoría de ellos son ilegales, y en Estados Unidos se les considera delincuentes y como tales son tratados.

Lo que sucede es una reproducción especular de lo que sucedía en el Gulag soviético. Allí se forzaba a los prisioneros a trabajar hasta que caían extenuados; aquí se persigue a los trabajadores inmigrantes como si fueran delincuentes, hasta que terminan por estar fuera de la ley.

Al mismo tiempo que sucede esto en Estados Unidos, en la Ciudad de México se intercambian millones de inquisitivas miradas por segundo, tras las cuales se esconden chanchullos, oportunidades, bromas, alternativas, rutinas, cuestiones de honor o, simplemente, preguntas sin respuesta.

"Sólo para el poderoso la historia es una línea ascendente donde la cúspide es siempre su hoy", dicen los zapatistas. "Para quien abajo es, el quehacer histórico es una interrogante que sólo se responde mirando hacia atrás y hacia delante, dibujando así nuevas preguntas".

Observo sus cejas, las arrugas en la parte inferior de la frente, las ojeras, la protuberancia de la nariz bajo el pasamontañas. Su voz física es distante y convincente al mismo tiempo. Otra cosa es su voz escrita. Al contrario de lo que se suele suponer, la voz del escritor de verdad casi nunca (o quizá nunca) es su propia voz: es una voz que surge de la intimidad y de la identificación del escritor con otros que conocen el camino a ciegas y que lo guían en silencio. No procede del temperamento del escritor, sino de la confianza.

Y mientras doy volumen a su cabeza, pienso en cómo podría definir, en cómo delinear, el lugar de donde proviene su voz, la voz del autor de los mensajes zapatistas. ¿Desde dónde habla al mundo esta voz?

La voz habla físicamente desde aquí, desde los escarpados altos de Chiapas, hoy controlados por sus pobladores indígenas, quienes han recuperado y vuelven a cultivar las tierras que les fueron arrebatadas y construyen escuelas, ambulatorios y centros cívicos. Pero ¿desde dónde habla esa voz figuradamente?

Acaba de hacer reír a la niña. Su pequeño pasamontañas se sacude como los papos de un cachorro.

Volvamos a la ciudad para intentar encontrar una respuesta a mi pregunta. Hasta cierto punto, no deja de sorprender que la vía principal se siga llamando avenida Insurgentes. En el centro de la ciudad todavía hay muchas calles con el nombre de capitales y países europeos, porque hace cien años México se consideraba un faro del progreso y de la revolución.

Son muchos los mexicanos que alguna vez en su vida acuden en peregrinación a la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. Pero casi son tantos los que visitan en grandes grupos familiares La epopeya del pueblo mexicano, los murales de Diego Rivera. Y no van a ver estas pinturas inmensas por razones artísticas, sino para recordarse su destino y reflexionar sobre su historia.

He cambiado de la tinta al carboncillo, porque éste es más indeciso, más deshilachado, más quebradizo. La pintura sabe desde el principio lo que quiere decir; el carboncillo escucha.

Ninguna reproducción puede dar una idea de la escala del fresco de Rivera que corona la escalera principal de lo que fue, hasta tiempos recientes, la sede del Gobierno. Se suele comparar con la Capilla Sixtina, y la comparación no es exagerada, siempre y cuando se limite a los frescos del Juicio Final.

Diego, El Elefante, como lo apodó Frida Kahlo, era una persona corriente y moliente, como cualquiera de nosotros. A veces era pendenciero; a veces, derrotista; a veces, perezoso, y a menudo, inconsecuente. Se transformaba, sin embargo, cuando sentía que estaba llamado a pintar y a representar en estos muros la historia de su pueblo. Entonces se hacía consecuente hasta el punto de ser capaz de dar a cada detalle, a cada rasgo, su lugar concreto en un destino histórico vastísimo. En lo alto de esa escalera, uno tiene la sensación de que mil años de historia dieron origen a un pintor colosal, y no a la inversa.

Los cientos de figuras de tamaño natural, que representan las civilizaciones precolombinas, el mercado de Tenochtitlán, los tres siglos de explotación colonial española, la Guerra de la Independencia, que terminó en 1821, y, sobre todo, el siglo que siguió a esa guerra y que llevó a la Revolución de 1910 y a la esperanza de un futuro diferente, están todas contenidas, las notorias y las anónimas, en una visión tal de la energía y la continuidad de un pueblo que, pese a las muchas crueldades, se resume en algo parecido a una invitación fraternal. Se diría que cuando baja las escaleras para irse, cada visitante mexicano se lleva de regalo una cala de los cestos de las vendedoras de flores pintadas en el mural.

Al mismo tiempo -y ésta es, quizá, otra de las razones por las que pienso en la convulsión del Juicio Final de Miguel Ángel-, la historia política del México moderno, tal como aparece expuesta en estos muros y conforme a todo lo que ha sucedido desde que los pintó Ribera, no es sino un gigantesco campo de promesas rotas.

Un tipo de esclavitud siguió a otro; nuevos sistemas de represión y de discriminación sustituyeron a los antiguos; se inventaron y se impusieron nuevas formas de pobreza; los gringos del norte no han dejado de sangrar el país, de expoliar sus recursos naturales, y los indígenas se han visto cada vez más desposeídos. Sólo el grito de Zapata ("¡Tierra y libertad!") sonaba todavía convincente. Zapata murió asesinado en 1919.

Y así he llegado a donde quería llegar. Había que salvar la quebrada que separa ese inmenso campo de promesas rotas, a un lado, de las demandas populares de justicia, al otro. Y lo que hicieron durante setenta años los principales partidos políticos, empezando por el PRI (Partido Revolucionario Institucional), fue rellenar ese vacío con los escombros de lo que en su día fue un lenguaje político. Promesas rotas, premisas rotas, proposiciones rotas, leyes rotas.

Todo principio -excepto el del interés propio- ha quedado vacío de significado. El discurso político, las campañas electorales, las declaraciones a la prensa han sido reducidos sistemáticamente a las evasivas, a las mentiras y a las mil maneras de desviar la atención utilizadas por aquellos que en la antigua Grecia se denominaban idioti (los que buscan su propio provecho), quienes no tenían nada que ver con los politici. Bajo el fascismo económico del neoliberalismo, esto se ha convertido hoy en un fenómeno mundial. La voz de los mensajes zapatistas, que ofrecen un ejemplo de resistencia local y global, habla desde esa quebrada.

"No a tratar de resolver desde arriba... Sí a construir desde abajo y por abajo. No creemos que los fines justifiquen los medios. En definitiva, creemos que los medios son el fin. Construimos nuestro objetivo al mismo tiempo que construimos los medios para seguir en la lucha. En este sentido damos mucho valor a la palabra dicha, a la honradez y a la sinceridad, aunque a veces nuestra ingenuidad nos lleve a cometer errores".

Marcos me observa dibujarlo y sonríe. Hay dos tipos de sonrisa (entre muchos otros): la de cuando estás esperando a oír cómo acaba el chiste, y la de cuando recuerdas un chiste que te contaron hace tiempo. La suya es la segunda.

Estuve en Acamilpa, un pueblecito del Estado de Morelos, de donde era originario Zapata. La milpa es un maizal en el que junto con el maíz crecen otras muchas plantas y conviven infinidad de pájaros, insectos y otros animales. Quiero describir la cara de una anciana que me resultó extrañamente conocida. Podría ser una anciana del pueblo de los Alpes donde vivo. ¿O es que con la edad acabamos todos en el mismo pueblo? Era un sábado por la tarde, y en el patio de un pequeño rancho se veían varias mesas cubiertas con manteles blancos: se celebraba un cumpleaños y los invitados estaban a punto de llegar. El acordeonista ya había empezado a tocar. Había una acacia inmensa, que posiblemente ya estaba allí cuando Emiliano Zapata era niño. En una de las mesas, trece ancianos de los pueblos circundantes mantenían una reunión importante; estaban coordinando sus actividades de desobediencia civil y obstrucción, a fin de impedir que los especuladores de suelo les roben el agua que les pertenece. Hablaban por turno, atentos a lo que decían, con convicción. Aceptaban la música como si fuera un plato que cocía a fuego lento y que comerían más tarde. Era una mujer de cara morena, curtida por las inclemencias, y sus ojos brillantes indicaban que estaban hechos a mirar a lo lejos, hacia el lugar de donde vienen los vientos. Entre la acacia y la casa habían colgado globos de colores para la fiesta de cumpleaños. Esto es lo que me dijo:

"Yo ya he vivido todo lo que me ha tocado vivir y ahora pienso en el futuro. Pienso en mis nietos y en los hijos de mis nietos, y en cómo vivirán ellos. Quienes gobiernan hoy quieren destruir a los campesinos, a las comunidades indígenas, para quedarse con todas las semillas de la tierra, con cada gota de agua que baja de nuestras montañas. Así que no dejamos pasar sus camiones cuando vienen a robar lo que es nuestro... Es mejor morir de pie que vivir de rodillas".

El cabello, largo y tan blanco como el mío, lo llevaba recogido atrás en un moño.

Marcos lleva un reloj en cada muñeca. Uno para el tiempo de paz. Y el otro para el tiempo de guerra. Cuando los zapatistas están metidos en una operación defensiva, en previsión de que puedan interceptar sus mensajes, trastocan el sistema horario.

De todos modos, hay ocasiones en las que desafían cualquiera de los dos tiempos, o al tiempo sin más.

En San Andrés, el municipio donde, en febrero de 1996, el Gobierno mexicano llegó a un acuerdo con los zapatistas por el que se comprometía a reconocer los derechos de todos los pueblos indígenas -un acuerdo del que se retractó al poco tiempo-, hay una iglesia consagrada a este apóstol. Su interior cobija una profusión de imágenes de la Virgen y de los santos, todos vestidos con ropas bordadas.

Un día de la semana pasada, hacia el final de la mañana, me paré allí porque, al igual que en el pueblo de Acamilpa, oí música. Ésta era una música más antigua, diferente. Dentro de la iglesia había dos mujeres indígenas, con sus pequeños colgados a la espalda, y, a cierta distancia de ellas, dos hombres. No había ningún sacerdote presente. Los cuatro formaban con sus voces un coro polifónico. Mil velas ardían en el suelo de la iglesia, algunas dentro de tarros de cristal, sus llamas vacilantes, porque entraba aire por una puerta lateral entreabierta. Una de las mujeres balanceaba un incensario mientras cantaba, y el humo del incienso envolvía las llamas, como flores entre la bruma. Parecían ajenos al año, a la estación, al día, a la hora. Hasta que uno de los pequeños se puso a llorar y la madre le dio el pecho. La otra mujer alisaba con las manos la túnica que había traído para la imagen de san Andrés: sabía que había que lavar la que tenía puesta y cambiarla por una limpia.

Detrás del pasamontañas, bajo la nariz protuberante, una boca y una laringe que hablan de esperanza desde la quebrada. He dibujado lo que he podido.

Mientras tanto, lo más seguro es que los zapatistas estén ahora mismo en peligro. Los ataques vendrán de quienes muestran su miopía pensando que su ejemplo se puede borrar.

Por lobogabriel - 29 de Febrero, 2008, 17:00, Categoría: lecturas
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Nicolás Matayoshi: Agua y la antropología arguediana por Rosina Valcárcel

Nicolás Matayoshi nace en Huancayo en 1945. Libros: 1972, Te amo; 1981 Los tesoros de Catalina Huanca, 1988 Poemas para llegar a casa; 1993 Poemario; y Gaia; 1997 Qué es poesía; 1998 Valle de luz, etc. Desde hace más de una década es uno de los responsables de  Gente del Mañana (Ong: GEMA). Fue animador de la revista Caballo de Fuego. El año 1974 conocí al pintor Josué Sánchez, cerca iba su entrañable camarada: Nicolás. La pureza de su voz, LA generosidad y nobleza del joven nisei me impactaron. Su espíritu crítico, agudo y profundo se expresa tanto en las investigaciones y trabajos de campo que ha efectuado desde entonces como en textos teóricos y de creación literaria de gran valor.


entrevista
al escritor Nicolás Matayoshi (Huancayo, 1945)



acerca de la revista AGUA
por Rosina Valcárcel
 1. Cómo nace la idea de editar la revista AGUA?
 Desde hace muchos años, un grupo de científicos sociales radicados en Huancayo, Ayacucho y Lima han venido trabajando diversos temas relacionados con el Mundo Andino. Después del XI Congreso Nacional de Folklore y el I Congreso Internacional Andino de Folklore, realizado en Huancayo en 1991, el Comité Permanente de Conceptuación del Folklore que fuera auspiciado por el Dr. Efraín Morote Best, decidió tener su propia personería, constituyéndose en la Sociedad Científica Andina de Folklore. Desde entonces, la sociedad ha ido publicando diversos libros relacionados con el Mundo Andino: Como comité se publicaron Folklore: Bases Teóricas y Metodológicas, Actas y Memorias científicas en 2 volúmenes, como SCAF El proceso de los componentes de a investigación cientifica, Soy poca cosa para él: un viaje por los laberintos de la violencia familiar, Arguedas Vive, De Dioses, ritos y saberes andinos, Menores trabajadores de los Andes Centrales, La Gazeta, Agua Nº 1 y ahora.
2. Al # 2 de Agua qué importancia le encuentras
En primer lugar, el reencuentro con el pensamiento arguediano y el pensamiento de Alfredo Torero, en segundo lugar, revalorar el aporte intelectual de Olinda Celestino y de Sergio Quijada Jara, dos científicos sociales del Valle del Mantaro poco conocidos entre su propio pueblo. Luego, volver a pensar en los procesos de interculturalidad que a pesar de los pronósticos siguen vigentes y latentes, la preocupación arguediana acerca de la vigencia de la cultura andina y el quechua siguen actuales. Asimismo, Agua toma su nombre de la obra primigenia de Arguedas.

3. qué objetivos desean alcanzar
Es un foro de discusión teórica sobre los problemas sociales del mundo andino, esto incluye todos los pueblos andinos desde Venezuela hasta la Argentina. Se trata de dar un nivel académico al entendimiento de la realidad desde del Mundo Andino, la mayoría de los participantes en esta aventura académica proceden de diversas partes de los Andes, aún actualmente radiquen en México, Centro América, Estados Unidos o Europa.

4. cómo resumirías el contenido del # 2
 En AGUA # 1 había una temática no arguediana, relacionada con diversos operadores idelógicos del mundo andino: "Sistema epistémico del mundo andino" por JJ García, "Derecho y autonomía en la comunidades andinas" de Julio García Miranda, "Los tapados" del antropólogo japones Takahiro Kato, "Niño, familia y "Comunidad de los andes" de Nicolás, "Lo indio en el Perú" de Pedro S Monge (rescate de este insigne maestro jaujino, fallecido en 1979), "Rituales del cortapelo" de Amparo Orrego, "El agua como operador simbólico" de Néstor Taype e "Illa: Símbolo de fecundidad y riqueza" de Oswaldo Torres. En cambio, en "Arguedas vive", José Luis Ayala, JJ Garcia Miranda, yo, Daniel Mathews, Ricardo melgar, Víctor Bazán, Ricardo Soto, Néstor Taype, Oswaldo Torres y Carlos Zúñiga, escribieron sobre Arguedas. Asimismo este libro fue presentado por Sergio Castillo, y recibió comentarios de Gonzalo Portocarrero, María Salas.

5. qué textos te parecen más valiosos
Me impresionan: Alfredo Torero, Olinda Celestino, Lorenzo Huertas, Sergio Quijada Me parecen aún novedosos: Julio Teddy Garcia Miranda, Fabiola Escárzaga, Francisco Amézcua, M Elvira Luna Escudero. Son bastante novedosos: Oswaldo Torres, Néstor Taype, Melidna Martinez, Juan José García Miranda, Efraín Cerrón y me es muy querido, por cienrto, mi "Memoria histórica" que es el sustrato teórico del libro de lectura escolar Los Tesoros de Catalina Huanca que lamentablemente hay que explicar teóricamente para interpretar el proceso de transferencia intercultural desde el mundo andino hacia el mundo del lenguaje español.

AGUA Y LA ANTROPOLOGIA ARGUEDIANA
 La intelectualidad del valle del Mantaro, se ha caracterizado por ir construyendo una obra cultural, al margen de las antípodas del poder.
Desde la revista Proceso hasta Agua, existen mas de dos décadas de distancia, sin embargo, existe en ellos el mismo espíritu: construir una visión de la realidad andina desde la óptica de los vencidos.

El presente número de esta magnífica revista tiene un eje dialéctico, el cual es Arguedas y las formas de organización del poder étnico en los pueblos indígenas del Perú, específicamente los andinos. Es por ello que el presente trabajo va a incidir en el desarrollo de las antropologías Peruanas.

La antropología se despliega de manera profesional en el País, a partir de mediados de la década del cuarenta, con la formación de las escuelas de etnología en San Marcos y la San Antonio Abad del Qosco.

Su nacimiento va a estar signado por la crisis del indigenismo radical y la expansión cultural  del imperialismo norteamericano. Su principal impulsor va a ser el doctor Luis E. Valcárcel, el cual como ministro de educación del gobierno de Bustamante y Rivero, va a propugnar la incorporación del indio al Estado nacional para su civilización.  El Valcárcel de "Tempestad en los Andes", va a dejar paso al funcionario que premunido de las ideas desarrollistas, va a constituirse en el principal gestor de la antropología Peruana.
Entre el indigenismo auroral de los años 20 y la construcción de la antropología, median toda una serie de procesos socio-culturales que van a señalar el derrotero de un amplio sector de la intelectualidad nacional. La muerte de Mariátegui crea un vacío intelectual muy grande, el cual hasta el momento no ha sido cubierto, tanto en la producción de una cultura radicalmente anti oligárquica y ni en el desarrollo de un movimiento popular que articulara las visiones urbanas y étnico-campesinas, con el fin de crear un movimiento socialista que premunido del marxismo y las tradiciones y saberes populares, construyera  un nuevo País y una sociedad realmente democrática.
Asimismo, la represión generada en la década del 30, aniquiló a las formas de organización anti-imperialistas gestadas en años anteriores,
El APRA, devino, de un modo u otro, en un partido liberal y que propugnaba el apoyo a los capitales internacionales; mientras que el Partido Comunista, liderado por Eudocio Ravinez se convertía en un apéndice de la fracción oligárquica de la familia Prado. También se iniciaba de manera lenta el proceso de migración de las clases medias y los runas de los andes, quienes irían manifestando, de modo clandestino, las culturas populares andinas.
Son estos condicionantes socio-culturales, ebozados de manera general, los que van a ir delineando el horizonte teórico y práctico de la antropología. Diseñada desde la universidad de Cornell, la antropología Peruana en sus primeros años se va abocar a describir a los "indios" para después "civilizarlos". El primer proyecto de envergadura va a ser el de Vicos, en el cual se aplica de modo experimental, toda la tecnología de la revolución verde, la cual creó una crisis  ecológica en dicha comunidad, que produjo a niveles dramáticos
la caída de la producción, y ante este revés los antropólogos desarrollistas se retiraron de esta comunidad, para no ser interpelados por el pueblo.
Esta antropología se guiaba por el paradigma que ante el acelerado proceso de desarrollo nacional, las culturas indias  irían a desaparecer, además se "teorizaba" que Perú era un archipiélago en el cual existían una serie de entidades separadas entre sí y articuladas por un centro de poder, el cual se hallaba enclavado en Lima. Pero, también esta antropología eminentemente positivista, discriminó  tajantemente la producción ideo-cultural y las formas de organización y dinámicas campesinas, en una época donde ya se habían escritos "Agua" y "El mundo es Ancho y Ajeno". Además, donde los movimientos campesinos  empezaban a producir la crisis del gamonalismo en el sur andino peruano.
Por ello, es que los jóvenes antropólogos de aquel entonces se dedicaron a describir las economías campesinas y las formas de organización social, desde los parámetros teóricos diseñados por Cornell y las corrientes neopositivistas norteamericanas, ambas condicionaron los paradigmas de la antropología oficial. También hay que recalcar, que esta antropología se guiaba por los intereses coloniales de los Estados Unidos y los de la oligarquía, pues debía servir como una herramienta para prevenir las insurrecciones en el campo.
La antropología Arguediana, empieza a desarrollarse desde las aulas de la universidad de San Marcos, de manera silenciosa. Si bien es cierto que Arguedas comprendía los cambios que se estaban produciendo en los Andes, su accionar como escritor, maestro y militante socialista le permitía precisar los posibles rumbos de estas culturas, mas había uno que para él era muy importante: la cultura de la resistencia.
Arguedas, llega a este concepto por su experiencia de vida, su profundo conocimiento de Perú y su formación humanística. Con lo que inicia un proceso de rompimiento epistemológico con la antropología que propugnaban Matos Mar y el Instituto de Estudios Peruanos. Ellos así lo entendieron; por eso es que trataron de empañar su labor creativa al criticar la obra Todas las sangres. La crítica no es a la novela, la crítica es al antropólogo que desafiaba el poder que ellos representaban.
La diferencia de la antropología de la resistencia con la neopositivista que propugnaban Luis E. Valcárcel y Matos Mar, era que esta se imbuía  del conocimiento popular, no para catalogarlo como un anticuario, sino para participar de las utopías y mitos presentes en ellas, con lo que rompía la concepción burguesa de la asepsia del científico.
Igualmente, deshacía la antropología Arguediana, los postulados del trabajo de campo. Mientras que Matos Mar, incidía entre sus alumnos:-- que las culturas campesinas eran tradicionales, lo que significaba que en el trabajo de campo, ellos fueran premunidos de falsos conceptos, en sí se enajenaba el quehacer de la investigación. Más bien Arguedas, enseñaba a sus alumnos a catalogar, clasificar y analizar la producción cultural, desde la percepción de la totalidad social, en la que también deslindaba con la historia oficial, porque ésta al  basarse en documentos se convierte en las visiones del poder, mientras que la oralidad representa las percepciones y experiencias sociales de las poblaciones campesinas e inclusive las urbano marginales.
Aquí, no se trata de construir un modelo estático, sino mas bien de comprender las dinámicas de las estructuras comunales para entender las contradicciones existentes en ellas, pero también para entender cuales eran los principios axiológicos en los que se socializaban los campesinos quechua- hablantes. Esto en sí, contradecía al empirismo y al determinismo de los estudios antropológicos que sólo se centraban en los campos de la política y la economía. ¿Qué había detrás de esta concepción de análisis social?, sutil racismo y prejuicios noe-coloniales.

Por lobogabriel - 29 de Febrero, 2008, 16:58, Categoría: entrevistas
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adriano corrales, costa rica

CÓMO CONCIBO UN TALLER LITERARIO

(Balance de una experiencia)
            Siempre fui reacio a los talleres literarios. De hecho nunca participé de ninguno. Cuando lo intenté salí aterrorizado. Fue a inicios de los años 80, cuando, invitado por el poeta Rodolfo “Popo” Dada, asistí por primera y última vez al Taller de los Lunes, que entonces operaba en el propio apartamento de “Popo”, edificio Guilá de la Calle de la Amargura, conocida por los talleristas como Calle Caústica. Cuando me tocó el turno, leí, temblando y sonrojado, uno de mis “poemas”. No había terminado, cuando uno de los poetas presentes (del cual, por pudor, me reservo el nombre) totalmente ebrio, se levantó y gritó: ¡eso es una mierda! Deseaba que me tragara la tierra.

            Anteriormente, durante mis años de internacionalista en Nicaragua, luego de la guerra, cuando cursaba los cursos preparatorios para suobficial del Ejército Popular Sandinista en la Escuela Carlos Agüero, frecuenté un par de veces los talleres populares que organizaban a nivel nacional los poetas Ernesto Cardenal y Mayra Jiménez. Pero entonces no escribía poesía, la hacíamos cotidiana y colectivamente. Más tarde, a mi regreso de Nicaragua, en Ciudad Quesada, por necesidad de compartir más que por otra cosa, fundé la artesanal e inolvidable revista Trapiche, la cual dio origen al grupo del mismo nombre congregando a varios poetas sancarleños que empezaban a hacer sus primeras armas literarias, acuerpándonos y acercándonos a eso que se conocía como “taller”. Pero no “tallereábamos”, sencillamente discutíamos, con criterios amplios y permisivos, acerca del material que debía o no publicarse.

            Lo puedo aseverar: afortunadamente nunca participé de taller literario alguno. Por esa razón, cuando en el año 2001 el Complejo Juvenil del Conocimiento y la Fundación Ayúdenos para ayudar del Centro Costarricense de Ciencia y Cultura, mejor conocido como Museo de los Niños, me propuso impartir un taller literario para adolescentes en su biblioteca Carlos Luis Sáenz, me lo pensé seriamente. Nunca había impartido, ni imaginado impartir, ningún taller literario pues, repito, les tenía desconfianza. Había ofrecido sí, varios talleres de artes escénicas, que, al final de cuentas, es la columna vertebral de mi formación académica. Pero de literatura, nada.

            Accedí, aunque con cierto recelo, no muy convencido del asunto. Diseñé entonces un taller con algunas técnicas provenientes de las artes escénicas. Lo denominé pomposamente Taller literario interactivo. La idea era desarrollar un breve curso de tres meses donde la creación literaria se combinara con otras posibilidades didácticas provenientes del teatro, la música, las artes visuales, el cine, etc. Se planteaba el perfeccionamiento de las capacidades biofísicas, mnemotécnicas, sensoriales e intelectuales de los participantes con ayuda de otras dinámicas y experiencias artísticas. Pero claro, la palabra debía ser el centro de la experiencia.

            Lo primero que debía estar claro es que nadie puede enseñar a escribir a nadie. Por supuesto, se puede alfabetizar a una persona, pero enseñarle a escribir un poema, un cuento, una novela, un guión o pieza teatral, o un ensayo, eso jamás. Se le puede inducir, estimular, mostrar experiencias y caminos frecuentados, o a reconocer los errores más comunes en la escritura, pero nunca se le podría entregar la receta mágica que permita la producción automática de textos literarios.

Otra premisa que debía poseer el programa didáctico es que para escribir literatura solamente se precisan dos cosas: leer y escribir; leer y escribir. Pero leer no solamente textos, sino también contextos, es decir, aprender a leer en el libro de la vida y de la historia para aprehender lo auténtico. Y escribir como una práctica y un oficio donde la maestría se alcanza solamente con paciencia e infinitas horas de vuelo. Pero sin precipitarnos. La máxima en este apartado es la que nos dejó Goethe: “sin prisa y sin pausa”. Porque la inspiración no existe, y si existe, como decía el maestro Picasso, que nos encuentre trabajando.

Y por último lo fundamental: el mejor taller literario es el que realiza el escritor consigo mismo, con su propio trabajo. En otras palabras, la autocrítica y la autoevaluación profunda son el mejor taller literario al cual uno puede asistir. Para ello se precisa de un prolongado esfuerzo autoconsciente, de tal manera que podamos despojarnos de nuestro ego, es decir, aprender a distanciarnos para leernos como si fuésemos otro: desdoblarnos para convertirnos en el crítico más despiadado que pueda examinar nuestro propio trabajo. Pero sin desdeñar la lectura y las sugerencias de otras personas porque, muchas veces, una mirada externa detecta errores que hemos dejado pasar, posiblemente por nuestra propia indolencia crítica.

Uno de los elementos capitales del proceso debía ser la visita de escritores, vivos o muertos, al taller. Me interesaba el (re)conocimiento de la culinaria de los escritores (en ese momento latinoamericanos) más representativos, para abordar su obra desde la misma producción literaria, es decir, desde sus búsquedas y aciertos más notables, tomando en cuenta sus consejos más precisos. Igualmente debía insistir en la presencia de escritores nacionales, y en lo posible, extranjeros, que pudiesen compartir su experiencia productiva. Esta dinámica permitiría, además, que se comprendiera que el escritor no es un elegido, un ser olímpico alejado de la tierra, sino una persona de carne y hueso que realiza su oficio como cualquier otro en una sociedad donde la poesía, amargamente, es  marginal.

Por fortuna encontré un talento extraordinario en la mayoría de los participantes. Tanto que, al final del curso, y tras la publicación de una breve antología, propuse a los más interesados que podríamos continuar el taller los fines de semana en mi casa. Para tal efecto debía variar la metodología y la bibliografía, sin perder las premisas originarias, de tal manera que los participantes se zambulleran más en su propio trabajo. El elemento capital de la nueva etapa debía ser la amistad. Es decir, sin establecer lazos de camaradería y empatía entre el coordinador del taller y los participantes, es imposible desarrollar un taller literario tal y como lo planteé en esta segunda etapa.

La experiencia ahora estaba más cerca de la conformación de un grupo, para ello se debía reafirmar su práctica de trabajo colectivo. El coordinador se convertía en un participante más y debía compartir también su trabajo creativo. Y así sucedió: el taller cedió paso a la conformación de un grupo literario que ingresaba a la necesaria fase de confrontación con el público. Se organizaron lecturas, giras, encuentros con otros grupos y talleres, y se intentó la elaboración de una revista. Se experimentó con la escenificación poética y el entrenamiento actoral (otra vez la experiencia de las artes escénicas) para fortalecer los vínculos interpersonales, que, además, se profundizaban con dinámicas interactivas y con actividades cotidianas y de esparcimiento.

Surgieron entonces las individualidades y se manifestaron incipientes liderazgos y espectativas. Algunos, con justicia, aspiraban a publicar, e incluso fantaseaban con premios y reconocimientos. Se coqueteaba con la celebridad en el síntoma que he denominado “la enfermedad infantil del vedetismo en la poesía”. Era hora de abandonar el taller y dejar que sus miembros siguieran su propio camino. Porque otro elemento importante de un taller literario es que cada participante posee su propio ritmo y sus intrínsecas necesidades. Por eso, la permanencia en un taller, o en un grupo, difiere en cuanto a las inquietudes y condiciones de cada novel escritor. Eso sí, lo recomendable es que no sea permanente, es decir, para siempre. Llega el momento en que uno, como escritor, debe encarar su propia soledad en términos de producción artística.

A lo largo de muchos años he entregado y compartido la metodología y la didáctica con numerosos grupos y jóvenes creadores. Todo en el marco de la gratuidad y de la camaradería, quiero decir, al tenor de la promoción literaria desinteresada y sin fines de lucro. Porque en el arte y la literatura, lo que se convierte en lucro se pervierte. Una cosa es percibir los honorarios justos y necesarios por la labor docente o de producción literaria, como lo hace cualquier profesional, y otra muy diferente es convertir esa actividad en un medio para capitalizar. La poesía y la literatura, así como no sirven a intereses espúreos y extra artísticos, tampoco  se venden, ni se alquilan. No son medios para enriquecerse.

Debo decir que de esa experiencia, a pesar de ciertos sinsabores y desaires, yo he sido el más beneficiado y el más agradecido, porque me he visto obligado a investigar y a aprender abundantemente de la diversidad de personalidades y caracteres. Cuando se comparte con sangre joven uno se revitaliza. Y lo mejor: se profundiza el autoaprendizaje a la vez que se ejercita la tolerancia en la pluralidad antropológica y en la valoración de las diferencias en cuanto a la complejidad humana se refiere. Porque se adquiere paciencia, humildad y capacidad de escucha en la multiplicidad del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Por esas y muchas otras razones, al evaluar un largo período de una experiencia literaria en términos didácticos o pedagógicos, lo que finalmente recomiendo a los “alumnos” es que no se aspira, o no se debe aspirar, a ser buenos poetas o escritores, porque es inútil. Mucho menos al éxito o a la celebridad. Se trata más bien del  intento de convertirnos en buenas personas. Así de sencillo: buenas personas. Dicho de otra manera, aspiramos a ser cada vez más humanos, más solidarios, más identificados y comprometidos con nuestro entorno y con nuestra propia naturaleza; así como a emprender la aventura de la escritura creativa no como un pasatiempo, sino como un oficio, como una profesión. Y a reconocernos como lo que somos, sin decorados y sin trampas. Lo demás vendrá por añadidura.

*Escritor costarricense.


Por lobogabriel - 29 de Febrero, 2008, 16:56, Categoría: lecturas
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migos los invito a que Visiten la Web de la Casa de la Casa del Poeta Peruano con excelentes notas del acontecer literario, artistico de nuestro país y Latinoamerica. www.letrasyartes.com/casadelpoeta

 Saludos, Joan Viva. Dir. de la Web de la  Casa del Poeta Peruano
www.letrasyartes.com/casadelpoeta

Por lobogabriel - 29 de Febrero, 2008, 16:55, Categoría: web
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